10 abril 2021

El gusto actual por el presupuesto elevado y las grandes compañías.

    Es evidente que hoy en día a la peña le gusta que haya mucha gente y pasta detrás de lo que consume a nivel cultural; como si el público quisiera que los creadores comenzaran ya sabiéndolo todo y con su estilo final. Resulta un tanto extraño, porque la mayoría de los directores, actores, pintores, escritores, etc. más reconocidos tuvieron comienzos no tan sólidos, con equipos muy reducidos. De hecho, antes interesaba ver la evolución de alguien desde los inicios, hallar su existencia cuando todavía no era famoso y arriesgarse. No sé qué mérito tiene decir que es genial alguien propuesto por un megagrupo empresarial y está en todas partes. Hay personas que solo compran un libro si está a primera vista, donde se colocan normalmente a los que son publicados por aquellos que dominan el mercado. Por no hablar de esos que solo se suben al carro cuando una serie o saga está completa... ¿Requieres que terminen algo, pero no contribuyes a que suceda? Así los únicos que pueden llegar son los que en realidad no necesitan el dinero para avanzar. Además, los buenos generan cosas positivas aunque sus recursos sean escasos y las posibilidades menores, si se les da la oportunidad...

    Me atrevería a decir que nos estamos perdiendo una cantidad elevada de originalidad, variación y renovación de los medios. Eso sin mencionar la satisfacción del descubrimiento de lo que no conoce casi todo el mundo.

    El presupuesto de las primeras películas de Peter Jackson fue pequeño, es fácil de deducir al ver "Mal gusto" o "Tu madre se ha comido a mi perro",  y acabó consiguiendo once Óscars con la tercera parte de "El señor de los anillos".

    "Posesión infernal" de Sam Raimi no parece que contase con una inversión brutal precisamente, y su "Spiderman 3" facturó unos ochocientos millones de dólares.

    El episodio IV de "Star Wars" se hizo solo porque el estudio quería que George Lucas dirigiese otro tipo de películas y tenía a sus espaldas "American Graffiti". A la hora de la verdad, solo la estrenaron en cincuenta cines de todo Estados Unidos para librarse rápido de un proyecto en el que no creían y en el que la mayoría de los actores iban descojonándose durante el rodaje.  Si la gente no hubiese ido a verla porque no hubo promoción y resultaba complicado... Lucasfilms y Lucasarts se vendieron por 4000 millones de dólares.

    Al pobre Lovecraft le pagaban un céntimo por palabra, cuando lograba vender sus obras a revistas pulp de dudosa categoría. Ahora es un clásico, admitimos que creó un género y hay cientos de obras de todo tipo y para muchos medios basadas en sus escritos, siendo considerada una apuesta segura por muchos productores. No quiero ni saber lo que han ganado algunos gracias a él.

    Las primeras películas de Woody Allen o Scorsese son maravillosas, y nadie puede argumentar que costasen una barbaridad de dinero, aunque sí más que otras comentadas al principio. 

    Muchos grandes mitos del cómic evolucionaron poco a poco de cara al público, hoy surgen ya como te los encontraras después de muchos años en la industria.

 Los ejemplos son innumerables.

    Parte del conjunto es la curiosa moda de: "Voy a apostar por este autor después de que muera; para que solo gane otro, ya que si lo hubiese hecho antes podría haberle motivado, afectado positivamente y ayudado a producir más material".

    Me parece un crimen que a Van Gogh solo le comprasen un cuadro, y fue su hermano. Pensad en cuánto valen ahora sus pinturas y lo deprimente de su situación en aquel entonces. Esto nos lleva a pensar que este tipo de criterios sobre la aceptación de nuevas propuestas que no se adapten a ciertos parámetros y sin gran economía van por periodos, no siendo tampoco algo recién inventado. 

    A todo esto hay que sumar lo del concepto exclusivo de selección. Muchas personas solo leen libros de determinado grupo editorial, visualizan lo admitido por una plataforma de streaming en concreto, etc. Sin evaluar que solo hay cuatro compañías detrás acaparando la mayoría de los ingresos posibles.

    Deberíamos ser más comprensivos con los posibles fallos de los que producen limitados por unos gastos moderados que con los de quienes tienen todo a su disposición.

    Llevamos unos quince años ignorando a los que no son respaldados por grandes emporios forradísimos, y... ¿de verdad creemos que eligen de forma objetiva? Aunque siempre sucedió un poco, y sobre todo en ciertas épocas de la historia, nunca de un modo tan exagerado como ahora ni con semejante aprobación general, y da la impresión de ir in crescendo. Es cierto que se puede estar en el mercado y dejar un grano de arena; pero quitando algunas excepciones, la visibilidad, alcance y respuesta son las que son... Aunque lo creado está ahí, no atrae a quienes tienen la excéntrica necesidad de que haya equipos multitudinarios y enormes capitales.

04 abril 2021

Una historia ha de tener la extensión que requiera, ni más ni menos.

    Vivimos una época en que parece preferirse la lectura al peso; cuanto más gordo sea el libro, mejor. Esto es aplicable a otros ámbitos, como que una película dure tres o cuatro horas. Una trilogía requiere un gran compromiso por parte del que comienza a sumergirse en ella, no digamos una heptalogía...

    Sé que son preciosos al verlos en la estantería, pero también requieren una dedicación que reduce la diversidad de autores, géneros y narraciones. La variedad enriquece.

    Aunque un lomo de varios centímetros sea lo apropiado en un buen número de ocasiones, a veces da la impresión de que el editor ha recomendado una extensión al creador, o que él mismo sabe cuánto atrae actualmente. Me encuentro con relatos de novecientas páginas que podrían haber sido contados en seiscientas. Hay gente que necesita que le describan como el protagonista remueve la cucharilla en la taza de café para dar credibilidad a determinada secuencia de hechos, y eso está bien si crea ambiente o lo hace de un modo especial que marca aspectos de su personalidad o del tiempo, pero no siempre es así. Tampoco es práctico resumir con frecuencia lo que acaba de suceder unas pocas páginas antes como si el público no se enterase de lo acontecido o estuviese distraído.

    Grandes obras como Drácula, Frankenstein, El retrato de Dorian Gray, El perfume, El guardián entre el centeno y un enorme número de maravillas de la escritura rondan las trescientas páginas, por no mencionar a Poe o Lovecraft y sus cortas extensiones. Aunque Sherlock Holmes, Poirot y semejantes tienen un montón de páginas a su nombre, son muchas narraciones relativamente breves que se pueden leer de forma independiente y seguir con la siguiente en función de la voluntad. En serio, no es positivo que un texto duplique su extensión para que sea mejor considerado en los estantes de las librerías. El mismo autor hace cosas gloriosas al dejarse guiar por el criterio propio en lugar de regirse por otros asuntos.

    Como persona que lee a diario, me llama la atención cuando alguien dice que tiene bloqueo lector y resulta que está leyendo una heptalogía de mil páginas cada tomo, más o menos. El camino que falta por recorrer puede desmotivar o hacer que el ritmo personal incremente artificialmente sin detenerse a pensar. Uno debe disfrutar de la experiencia para que sea profunda y pueda sentir las emociones o descubrir capas de interpretación por debajo de la superficie, evitando correr por hastío, incluso aunque el objetivo sea el entretenimiento puro y duro. En esos casos, siempre recomiendo lo mismo: cambiar de autor, género y extensión. Ya se retomará la otra si llega el momento adecuado.

    La mayoría de las personas descubren gran placer en llegar al final de forma natural, sin plantearse cuánto les queda, pasando a otra época o estilo a continuación, o no, si así lo eligen. Está bien que haya muchos títulos de un mismo personaje, y se dé cierta continuidad, pero no siempre es agradable que después de ochocientas páginas nos dejen a medias para que nos veamos obligados a continuar. Es una negación de la recompensa vital de terminar con la obra. Es factible que haya ganchos sueltos, líneas argumentales que sigan más adelante, incluso es muy recomendable y lógico, pero existe un punto apropiado en el que dejar o pausar las cosas; los cliffhanger son recursos para publicaciones cortas periódicas o entre capítulos. Sienta muy bien poder decidir si seguir o no cuando uno llega al final del volumen y lo cierra. La satisfacción de acabar con algo forma parte del juego, y no es mayor después de una situación forzada en la que se avanza casi por obligación con uno mismo, para no tener la sensación de haber perdido el tiempo.

    Tras una larga jornada, en la que quizá no todo ha salido bien, el ocio debería ser algo apetecible, no un compromiso autoimpuesto.

    En ciertas ocasiones, las dosis pequeñas crean hábito, y la duración prolongada cansa.

03 abril 2021

A qué me refiero cuando digo que siempre escribo ficción.

    Obviamente, estoy hablando de mis libros, guiones, cómics, frases sueltas, poemas y cualquier palabra empleada en el ámbito creativo. Quiero decir que si aparecen okupas, un maltratador, pandilleros callejeros, alguien que se droga, ciertas tendencias políticas o ideológicas, una creencia en concreto, actos ilegales, determinada actitud o cualquier comportamiento, por poner ejemplos, son atribuibles a esos personajes, lugares o situaciones inexistentes en el mundo real, propios de los relatos o emociones a transmitir; no a mí o al entorno en el que vivo. Pretendo indicar que utilizo las historias de forma libre, imaginativa y no aleccionadora, evitando defender posiciones, con idea de que sean interesantes y diferentes, alejándome de tópicos y sin importar lo que suele estar bien visto, porque el universo puede rebosar de diversidad y favorece la narración.

    Este tipo de textos, un wasap quedando con un amigo, una nota en papel o referencias a mis obras en redes sociales no son ficticios.

    Parece evidente, pero...