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31 marzo 2021

Mi creación artística, una incontenible necesidad personal que suelo compartir

    Ya sea escribiendo, dibujando, pintando, fotografiando o de una enorme cantidad de maneras, crear se me plantea como un requerimiento interno absoluto. Me resulta bastante difícil de comprender cuando un autor se pasa años sin presentar ningún trabajo y quiero pensar que, aunque no lo muestre, estará haciéndolo en secreto. Yo siempre busco alguna vía para expresar lo que llevo dentro, y si no lo saco al mundo exterior, me pongo a ello en mi entorno cercano o para mí mismo, ya sea  de forma voluntaria o no.

    Evidentemente, hay que saber lo que uno está desarrollando, documentarse, tener conocimiento del medio, acumular práctica, llevar a cabo una planificación de los proyectos y un montón de tareas supuestamente pensadas muy seriamente y orientadas a dar consistencia y mejorar lo que percibirá el público; pero la realidad es que el interior emocional surge igual que un torbellino. Con independencia del modo en que lo disponga, manda algo que no resulta ser tan objetivo y premeditado como debía.

    Para mí, el proceso es totalmente adictivo y primordial, hasta el punto de olvidarme de cumpleaños o posponer pasar el aspirador a la casa para poder dar rienda suelta a los juegos en que se centra mi mente; sin dejar de lado las cuestiones más inmediatas y a mis seres queridos, por supuesto. ¿Te acuerdas de ese día que no te saludé? Aunque es muy posible que mis ojos mirasen hacia donde te encontrabas, mi mente deambularía por la obra que elaboraba en aquel periodo, revisando pormenores con gran pasión.

    Quizá me iría mejor ser muy cuadriculado y seguir unas estrategias basadas en tendencias, ciñéndome a géneros y estilos de éxito marcados por los grandes que establecen las normas del mercado o siguiendo estructuras de aceptación general para atraer a cierta gente. Sin embargo, siento la obligación de explorar nuevos territorios, ser original, no limitarme a lo que se supone que haría alguien con un criterio comercial básico para poder sobrevivir, mezclar géneros y utilizar personajes poco estandarizados. No negaré que alguna vez he intentado formar parte del conjunto, ser formal y unirme al rebaño; pero me aburro, y emerge sin excepción la tormenta personal que toma el mando y redirige todo hacia donde ordena mi espíritu de creador auténtico e individual que se aleja del camino oficial, esperando que alguien comprenda que lo diferente es bueno y aporta otras cosas.

    Soy un adicto, me obsesiono con todo lo que hago a nivel creativo, incluso podría considerarse una droga cerebral que rige mi universo. Me encanta generar textos e imágenes que construyan realidades nuevas a partir de lo que mueve mi psique, transformando los procesos en experiencias únicas que puedan ser asimiladas por los demás mediante una ficción que emerge de forma natural y me es imprescindible.

28 marzo 2021

La necesidad de sentirse identificad@ con algún personaje relevante

    Por lo visto, es un requisito muy común entre muchos de los que frecuentan la ficción sentirse identificados con alguno de los personajes más importantes de una historia; quizá no obligatoriamente con el protagonista, puede valer alguno de sus acompañantes, pero si con al menos uno.

    Esto me sigue desconcertando bastante, aunque me tope con ello a menudo. En mi opinión, un relato puede ser más enriquecedor y nos ofrece mayor descubrimiento si no es así. Soy consciente de la facilidad de acceso que supone la conexión directa con alguien dentro de la narración, incluso me llega a gustar, pero eso limita mucho las posibilidades y fomenta la proliferación de determinado tipo de personalidades y actitudes en épocas y entornos que no siempre resultan concordantes. De hecho, no es complicado establecer un cierto número de clichés y personajes estereotipados que se sabe funcionarán con gran probabilidad.

    Soy de esos individuos raros que piensan que es muy positivo conocer otro tipo de formas de pensar, sentirse y actuar. Es más, me resultaría preocupante si pudiera verme representado fielmente en alguien que en teoría debería ser muy ajeno a mí. Lo que nos rodea influye en nosotros, así que si conecto a la perfección con un sujeto de otro tiempo, sociedad o planeta, quiere indicar que hay un truco detrás.

    Este hecho resulta un tanto limitador en muchos sentidos, pero... más allá, es indicativo de un montón de cosas. ¿Alguien comprende y da credibilidad a que un lagarto de quinientos metros de altura arrase Tokio, un marshmallow antropomorfo gigante pasee por una ciudad americana, un estado distópico mande jóvenes a la muerte por un concurso o un inmortal engendro de las profundidades resurja del océano, pero no asimila que otro ser semejante actúe de un modo distinto a como lo haría él? Mmm... no sé...

    ¿De verdad puede comportarse de forma afín a mí un gánster de los años veinte, un alienígena de otro sistema solar o un elfo de un mundo fantástico? Ese tipo de rasgos compartidos pueden ser como cuando suenan los láseres en el espacio, diferentes civilizaciones hablan el mismo idioma o un hada del bosque tiene actitud de niña contemporánea de cinco años. En parte están justificados, no hay ningún problema y se disfrutan bastante; pero suenan a artificios. También es refrescante ver que hay otras realidades individuales, sin que sea obligatorio insertarlas en los personajes malvados.

    Si ponemos un telediario, por ejemplo, nos daremos cuenta de que hay un gran número de sucesos en los que difícilmente podemos hallar un reflejo de nosotros mismos, y sin embargo ahí están. Es muy curioso cuando alguien lee o visualiza ficción y expresa: "Yo no haría eso". Bueno..., resulta tranquilizador y no veo impedimento. Si todos actuásemos igual sería aburrido, peligroso y forzado. Aunque la mayoría de los receptores lo aceptan cuando se trata de un asesino, violador, secuestrador, nazi, terrorista, etc., les cuesta bastante más si es alguien dentro de un papel que les resulta algo más cercano. ¿No puede haber dos panaderos o contables muy distintos entre sí? Que no actúe como lo haría el ciudadano medio no es un fallo, sino algo que aporta mayor número de elementos diferenciadores. Si siempre se utilizan las personalidades estándar aceptadas, con los comportamientos cercanos a la mayoría de la población actual, dentro de las estructuras narrativas más habituales y los géneros principalmente valorados, todo bien encuadrado dentro de lo previsible en cada concepto, sí, nos sentimos mucho más listos y cómodos; pero salir de nuestra zona de confort e intentar meterse en la piel de otros también tiene alicientes, aunque pueda requerir mayor esfuerzo. Las historias se enriquecen cuando no se ciñen a esos cinturones de seguridad y se saltan las barreras, al mezclar géneros, cada vez que muestran a individuos que no tienen que justificar sus actos ante nuestro esquema de valores.

    Así pues, aun gustándome también hallar a menudo a ese tipo de personajes que me agradan, hermanados de algún modo conmigo, no los echo de menos si no figuran en la historia, y en muchas ocasiones resulta que su ausencia favorece que el cauce de la narración recorra terrenos inexplorados para mí, alejándome de lo previsible, mediocre y repetitivo. Llega un momento en que uno se cansa de que le ofrezcan tantísimos estímulos similares de fácil proceso mental.

    En serio, cuando escucho lo de "¡¿cómo puede hacer eso?!" en forma de crítica, con un sentido de error por parte del creador, siempre me parece que el problema no está en la historia, sino en el que esperaba hallarse a sí mismo dentro de ella. ¿Para qué necesita alguien ver que los protagonistas, o secundarios, hacen exactamente lo esperado, condicionado por todas las ficciones experimentadas antes y los criterios sociales de nuestras vivencias particulares, seguramente muy alejadas de las que hayan podido tener dichos sujetos?

    Si somos capaces de imaginar dragones, tampoco debería ser complicado asimilar humanoides ajenos a nuestra forma de ser e interesarnos por ellos.